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Trucos de la MenteMeditaciónIntroduccionCuanto existe en el universo ha sido creado por la infinita mente de Dios, el Todo, en quien, como dice San Pablo "vivimos, nos movemos y tenemos nuestro ser". El universo es mental porque en esa mente viviente se sostiene la creación y, "como arriba es abajo, como abajo es arriba", en éste plano de existencia la vida del hombre, hecho a imagen y semejanza de su Creador, es resultado de lo que piensa y de cómo lo piensa. Si nuestros pensamientos son claros y definidos, produciéndose ordenadamente, estaremos en control de nuestras emociones y viviremos serenamente con un profundo sentimiento de plenitud. Si, por el contrario, nuestros pensamientos se producen caóticamente, atropellándose unos a otros, estaremos dominados por la emoción y nuestra existencia será igualmente inestable e insatisfactoria, empujándonos continuamente de lugar en lugar y de ocupación en ocupación sin lograr tranquilidad y sin que nos abandone esa sensación de vacío, de cosa no resuelta. Lograr controlar la dispersión de la mente es el primer paso para alcanzar la meditación, cuyo propósito es regresarla a su verdadera naturaleza, esa calma estable a la cual se llega por el desarrollo de la atención (concentración). Es una práctica transformadora que produce unificación pues "aun cuando el meditador puede dejar de meditar, la meditación no dejará al meditador" (Oudjom Rinpoche). Poco a poco, se convierte en una forma de vida. Como vemos, la meditación es, ante todo, la orientación de la mente, lo que produce comprensión y reconocimiento, y se convierte en conocimiento formulado. Es un proceso por el cual la mente se reorienta hacia la Realidad y, correctamente empleada, puede llevar al ser humano a otro nivel de conciencia y del Ser, en fin, a otra dimensión existencial porque es la ciencia que permite llegar a la experiencia directa de Dios, que por este medio deja de ser una aspiración o símbolo de una posibilidad divina, para convertirse en algo que reconocemos cuando hemos llegado a ser uno con nuestra propia alma y, viviendo en función de alma, descubrimos que la conciencia del alma individual es la conciencia del todo, y que la separatividad, diferencias y conceptos de yo y tu y de Dios y un hijo de Dios, se diluyen en el conocimiento y realización de la verdad. El dualismo da paso a la unidad, y la personalidad, así integrada es transcendida mediante el ordenado proceso del desenvolvimiento del alma, alcanzándose la unificación consciente del yo inferior o personal, con el yo superior o divino. Esta dualidad, sin embargo, antes de poder transcenderse debe ser comprendida. En un antiguo libro hindú, encontramos las siguientes palabras que nos explican por qué: "El yo superior es el amigo del yo inferior para aquel en quien el yo inferior ha sido conquistado por el yo superior; pero para aquel que está alejado del yo superior, su propio yo inferior le es hostil como un enemigo." En verdad, la meditación, tal como el sueño, no puede enseñarse; llega por si misma en su momento. Es un grado de maduración, un nivel de consciencia. Sin embargo, si damos con cuidado y perseverancia los pasos adecuados, el proceso puede acelerarse considerablemente de manera espontánea. Este proceso, según explica Alice A. Bailey en su obra Del Intelecto a la Intuición, consta de cinco etapas: 1. ConcentraciónEs el acto de centralizar la mente aprendiendo a enfocarla. En esta etapa el que medita está consciente de que utiliza su mente. 2. MeditaciónEs el enfoque prolongado de la atención en una dirección y el firme mantenimiento de la mente sobre cualquier idea deseada (se trata de concentración extendida). En esta etapa desaparece la consciencia de que se está utilizando la mente pero aún hay pensamiento. 3. ContemplaciónEs una actividad del alma en forma independiente de la mente, que es mantenida en estado de pasividad. La que contempla es el alma. La consciencia humana detiene su actividad, ya no está enfocada en la mente. 4. IluminaciónEs el resultado de los tres procesos anteriores, y consiste en traer a la consciencia cerebral el conocimiento recibido. Es definida como un irresistible sentimiento de "unicidad con el TODO, un estado de captación directa de la verdad al margen de todo proceso del intelecto (intuición). 5. InspiraciónEs la consecuencia de la iluminación y se manifiesta en la vida de servicio. "El mundo del alma es el de la consciencia grupal." Es importante definir desde el principio, las distinciones que deben hacerse para comprender el mecanismo de este proceso, facilitándolo. Dominar la mente significa lograr que haga lo que uno quiere; piense lo que uno decida, y exprese ideas en secuencias. Bien ¿y quien es "uno"?…"Uno" es el pensador, el verdadero yo, el alma. Ese algo que parece estar observándonos todo el tiempo y que debemos aprender a diferenciar de la mente. La mente es el instrumento que el alma trata de utilizar para transmitir al cerebro sus ideas y recibir de éste impresiones e informaciones. La mente es la intermediaria entre el alma y el cerebro. El cerebro es otro instrumento del alma en el ámbito vibratorio diferente del de la mente. Transmite a esta sensaciones y datos que obtiene a través de los cinco sentidos, los cuales, recibe finalmente el alma. Nos queda por enfocar el pensamiento. Sabemos que el cerebro recibe impresiones y sensaciones a través de los sentidos, que envía a la mente, donde quedan registradas. En el ser humano común y corriente, la cosa suele terminar allí. Se acumulan una serie de datos y ¡ya!…Pero, entre otro tipo de personas, después que las informaciones son registradas comienza un proceso de análisis, conclusiones, etc., que producen actividad y resultados. Estas personas, obviamente, viven más en el ámbito mental que en el ámbito sensorio, y llegan a darse cuenta de que así como son capaces de recibir material desde el mundo físico que pueden elaborar y enriquecer, están igualmente capacitadas para percibir ideas y conceptos procedentes de planos más sutiles a los que puede responder. A partir de este momento es cuando la mente comienza a actuar en dos direcciones: Cerebro/mente/alma-alma/mente/cerebro El fin de la meditación es llevar al individuo a vivir en función de alma. Ahora bien, como la mente recibe un cúmulo enorme de mensajes de manera ininterrumpida, de ahí la profusión de pensamientos desordenados que debemos aprender a organizar. Lo primero será observar constantemente su funcionamiento, sin interferir en él, hasta lograr su comprensión; porque será mediante esta comprensión que podremos llegar a utilizarla con propiedad, poniéndola a nuestro servicio, en lugar de estar a su merced. El mejor entrenamiento para concentrarnos rápidamente durante una práctica de meditación, es tratar de enfocar nuestra atención a lo largo del día, en cada una de las actividades que estamos realizando, estamos hablando de vivir organizadamente y en estado vigilante, vivenciando realmente cada experiencia (viviendo el instante). Después, es esencial establecer el hábito de meditar diariamente en el mismo lugar y a la misma hora. De esta manera, la mente se acostumbrará a responder sin gran esfuerzo cada vez que nos apartemos con es propósito y, después de un tiempo, nos reclamará por sí misma ese momento de quietud. Otras pautas productivas son:1. Elegir un lugar específico. La atmósfera que produzcas te ayudará a silenciar la mente. 2. Opta por el momento del día en que notes que tu mente está mejor dispuesta. El amanecer suele ser para muchos la mejor opción. Sin embargo, hay personas que sienten más beneficios al mediodía o, en la noche, antes de retirarse a dormir…¡encuentra el momento adecuado para ti!….Obsérvate, y actúa en consecuencia. 3. La postura es muy importante porque hay una relación entre ella y nuestro estado de ánimo. Trata e que tu espalda, cuello y la cabeza estén en línea recta. 4. Pide a tu mente que permanezca tranquila mientras dure el ejercicio. 5. Observa tu respiración sin interferir en ella, durante algunos minutos, hasta que se haga más lenta y sea apenas perceptible. 6. Concentra tu atención en el objeto de tu meditación (el pensamiento que hayas seleccionado) y trata de concentrarte en él. 7. Al comienzo surgirán pensamientos de toda naturaleza. No luches contra ellos pues se harían más insistentes, obsérvalos sin ofrecerles resistencia hasta que desaparezcan. 8. La meditación se produce cuando se alcanza un estado de pensamiento puro, aún conservando la consciencia de la dualidad. 9. Después de una larga práctica, en un tiempo imposible de predecir, la dualidad desaparece y se alcanza la iluminación, el estado de supraconsciencia. COMO MEDITARLa base de la meditación es integrar su práctica a la vida cotidiana, convirtiéndola en una forma de vivir. Lo verdaderamente importante al dedicarle con perseverancia, determinado tiempo diariamente siguiendo tal o cual método es el estado mental en que nos encontramos después de suspenderla. Ese estado de calma estable que alcanzamos, es lo que debemos prolongar a lo largo de todo cuanto hacemos. La meditación es una disciplina practicada desde siempre en todas las religiones y escuelas esotéricas; siendo empleada actualmente por médicos generales y psicólogos que han descubierto su efectividad para combatir el stress. Es, como sabemos, un proceso mental de reflexión que se inicia a partir de la concentración, mediante el cual por observación y análisis, llegamos a conocer, hasta absorbernos en ella, la esencia de las cosas, bien sean estas concretas o planteamientos abstractos. Esta práctica está fundamentada en que cualquier pregunta trascendente puede ser contestada solamente desde el ser interno del hombre, donde todo se encuentra. Se dice que Buda enseñó múltiples maneras para domar y pacificar los pensamientos y emociones, y existen incontables métodos de meditación repartidos entre todas las escuelas. Sin embargo, las variaciones entre un sistema y otro son solamente de forma, puesto que todos tienen un objetivo común, y éste es la integración del ser humano, primero consigo mismo, lo que habrá de llevarlo después a la integración consciente con la creación total o, lo que es lo mismo, con Dios, el Todo. Estas diversas técnicas corresponden a distintos tipos de seres humanos: mentales, devocionales y físico-vitales, y nacieron para que cada cual encuentre su espacio entre ellas. Realmente no tiene mayor importancia cual técnica se utilice, siempre y cuando sea la adecuada a la naturaleza específica del practicante, lo que puede determinarse mediante la observación cuidadosa de su personalidad. A continuación se presentan, brevemente, tres tipos de meditación que han probado ser particularmente eficaces: OBSERVANDO LA RESPIRACIONEste es un método antiquísimo y lo encontramos en todas las escuelas budistas. A pesar de que su nombre nos habla de "observar" la respiración, esto es solamente al principio, ya que se trata más bien de lograr que el aliento, quien respira y la respiración, gradualmente se conviertan en una sola cosa, disolviendo la dualidad y la separación. Es de todos sabido que la respiración es la vida y, como esta, tiene rasgos individuales para cada persona. Para unos puede ser superficial y rápida, para otros lenta y profunda; lo que sí es común a todos es el mecanismo que la autoregula, llevándola a adoptar espontáneamente las características de la actividad que estamos realizando. Al iniciar un ejercicio de meditación respirarás naturalmente, como lo haces siempre, observando con respeto el ritmo normal de tu respiración, sin modificarlo (no debemos modificar en forma volitiva el sabio automatismo del cuerpo, de divino diseño). Presta atención ligeramente a la fase de espiración. Al espirar, fluye en la espiración. Cada vez que lo hagas, deja ir en ella todos tus apegos y ataduras e imagina tu aliento disolviéndose en la luz omnipenetrante, que es la verdad. A medida que se van disolviendo esas ataduras y apegos, comenzarás a notar que se produce un natural vacío entre cada inspiración y espiración. Descansa en ese vacío que es como un espacio abierto y cuando continúe el proceso respiratorio no le prestes especial atención sino deja que tu mente descanse en ese espacio. No pongas demasiado atención a la respiración, permite que tu mente se relaje y observa como al estar cada vez más concentrado y despierto frente a ti mismo, te haces cada vez más presente en el instante, convirtiéndote en una persona integrada. Aquí ya no estás observando la respiración sino que te estás haciendo uno con ella. Es como si tu cuerpo no existiera y te hubieses convertido en el aliento. Ahora estás completamente relajado y expandido, fluyendo en un océano de paz. UTILIZANDO UN OBJETIVONormalmente se elige un objeto hermoso, algo que sea grato; pudiera ser una flor, un árbol, algún cristal, y se fija en el ligeramente la atención, tratando de mantenerla centrada allí (cuando digo ligeramente me refiero a que no debes violentarla, todo debe ser conducido con suavidad). Al principio resulta difícil para algunas personas mantener por mucho rato la atención fija sobre un solo objeto, por eso, se sugiere que se utilicen cuatro objetos, dentro de la misma categoría, así cuando la mente comience a dispersarce, se pasará de uno a otro, dando al ejercicio algo más de movilidad. Poco a poco la mente se irá afinando logrando, después de cierto tiempo, permanecer concentrada en una sola dirección. Una variante de este sistema, muy utilizada en la India y entre los tibetanos, es el fijar la atención en la figura de un maestro espiritual, imaginándolo lleno de luz sanadora. Cada vez que la mente se disperse regresas a tu atención a esa imagen, destacando alguna de las cualidades del maestro que te gustaría desarrollar en ti mismo. RECITANDO UN MANTRAEsta técnica es comúnmente utilizada tanto en el budismo tibetano como en el sufismo, en el hinduismo y entre los cristianos. La definición de mantra es aquello que protege la mente. Sabemos que el sonido es una forma de energía constituida por vibraciones o longitudes de onda. Ciertas vibraciones tienen el poder de sanar y ya en la Biblia se nos cuenta de cómo el sonido (la música) calmaba las angustias de Saúl. Por otra parte, sabemos igualmente que hay sonidos que pueden romper cristales. Los mantras son sílabas, palabras o frases de determinadas vibraciones que, cuando son pronunciadas repetidamente, llevan al individuo a un estado de consciencia superior al proporcionarle un punto tangible sobre el cual concentrar la mente, teniendo como consecuencia la verdadera meditación, el estado de unidad. Algunas personas utilizan un mala, que es una sarta de 108 cuentas que van pasando entre los dedos mientras repiten el mantra, pero esto es sólo una ayuda. Realmente puede hacerse mentalmente sin este instrumento. Es útil y más efectivo, coordinar el mantra con la respiración y un corto tiempo después de comenzar, estarás, si te entregas atentamente a la práctica, completamente absorto. LOS DOCE PRINCIPIOS DE LA MEDITACION1. Reserva para la meditación un lugar especial; la atmósfera que construyas te ayudará a silenciar la mente 2. Escoge un momento en que la mente esté libre de las preocupaciones cotidianas. La aurora y el crepúsculo son ideales. 3. Practicar todos los días en el mismo lugar y a la misma hora condiciona la mente para que se aquiete más rápidamente. 4. Siéntate con la espalda, el cuello y la cabeza en línea recta, mirando hacia el este o el norte. 5. Instruye a la mente para que se mantenga tranquila mientras dure tu sesión de meditación. 6. Regula la respiración. Comienza con cinco minutos de respiración profunda, y después hazla más lenta. 7. Establece una pauta rítmica para la respiración, inhalando y después exhalando durante unos tres segundos. 8. Al principio, deja que la mente vagabundee; si la obligas a concentrarse, sólo conseguirás que se vuelva más inquieta. 9. Ahora, lleva la mente a descansar en un punto focal que hayas escogido, ya sea el ajna chakra (chacra frontal) o el anahata (del corazón). 10. Aplicando la técnica que hayas escogido, mantén el objeto de tu concentración en este punto focal durante toda la sesión. 11. La meditación se produce cuando alcanzas un estado de pensamiento puro, pero sigues reteniendo tu consciencia de la dualidad. 12. Después de larga práctica, la dualidad desaparece y se alcanza el samadhi, el estado de supraconsciencia. Cuando las cinco etapas de la meditación (concentración, meditación, contemplación, iluminación e inspiración, que fueron descritas más arriba), se siguen fielmente, conducen a la unión con el alma y al conocimiento directo de la Divinidad. Para la gran mayoría de quienes emprendan el estudio y práctica de la meditación, la etapa que debe absorber durante largo tiempo (casi con exclusión de todas las demás) es la concentración, el control de los procesos mentales. Se supone que existe cierta medida de aspiración, de lo contrario no habría deseo de meditar. Sin embargo, debe señalarse que la aspiración no sirve de nada, salvo que esté apoyada por una fuerte voluntad, la aptitud para perseverar y la paciencia.
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