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Pensamiento OrientalHistorias Zen IIObra maestraUn maestro calígrafo estaba escribiendo algunos caracteres en un trozo de papel. Uno de sus estudiantes especialmente perceptivo estaba mirándolo. Cuando el calígrafo terminó, le pidió la opinión al estudiante - que inmediatamente le dijo que no estaba nada bien. El maestro intentó otra vez, pero el estudiante criticó su trabajo de nuevo. Una y otra vez el calígrafo redibujó cuidadosamente los mismos caracteres, y cada vez el estudiante lo rechazaba. Finalmente, cuando el estudiente se distrajo en otra cosa y no estaba mirando, el maestro aprovechó la oportunidad para borronear los caracteres. "¡Ahí está! ¿Cómo está ahora?", lo preguntó al alumno. El alumno se dio vuelta para mirar. "¡ESO... es una obra maestra!" exclamó. La Luna no se puede robarUn Maestro Zen vivía la forma más simple de vida en un pequeña cabaña al pie de una montaña. Una noche, mientras estaba fuera, un ladrón entró a hurtadillas a la cabaña sólo para encontrar que no había nada para robar. El Maestro Zen volvió y lo encontró. "Has hecho un largo camino para visitarme", le dijo al extraño, "y no deberías regresar con las manos vacías. Por favor, toma mis ropas de regalo." El ladrón estaba asombrado, pero tomó las ropas y escapó. El Maestro se sentó desnudo, observando la luna. "Pobre hombre", murmuró. "Hubiera querido darle esta hermosa luna." Más no es suficienteHabía una vez un cortador de piedra que no estaba satisfecho consigo
mismo y con su posición en la vida. La enseñanza más importanteUn renombrado maestro zen dijo que su mayor enseñanza era esta: Buddha
es tu propia mente. Impresionado por la profundidad de esta idea, un monje decidió
dejar el monasterio y retirarse al campo a meditar sobre este pensamiento. Allí
pasó 20 años como un hermitaño poniendo a prueba la gran
enseñanza. Mente en movimientoDos hombres estaban argumentando sobre una bandera flameando en el viento. "Es el viento lo que realmente se mueve", afirmó el primero. "No, es la bandera lo que se mueve", aseguró el segundo. Un maestro zen, que caminaba por allí, escuchó el debate y los interrumpió. "Ni la bandera ni el viento se mueven", dijo, "es la MENTE la que se mueve". Belleza de la naturalezaUn sacerdote estaba a cargo del jardín dentro de un famoso templo zen.
Se le había dado el trabajo porque amaba las flores, arbustos, y árboles.
Junto al templo había otro templo más pequeño donde vivía
un viejo maestro zen. Un día, cuando el sacerdote esperaba a unos invitados
importantes, tuvo especial cuidado en atender el jardín. Sacó
las malezas, recortó los arbustos, rastrilló el musgo, y pasó
un largo tiempo juntando meticulosamente y acomodando con cuidados todas las
hojas secas. Mientras trabajaba, el viejo maestro lo miraba con interés
desde el otro lado del muro que separaba los templos. La naturaleza de las cosasDos mojes estaban lavando sus tazones en el río cuando vieron a un escorpión
que se ahogaba. Un monje lo sacó inmediatamente y lo puso sobre la orilla.
Durante el proceso fue picado. Volvió a lavar su tazón y el escorpión
volvió a caer. El monje salvó al escorpión y fue picado
nuevamente. El otro monje le preguntó, "Amigo, ¿Por qué
continúas salvando al escorpión cuando sabes que su naturaleza
es picar?" No más preguntasAl encontrarse a un maestro zen en un evento social, un psiquiatra decide hacerle
una pregunta que tenía en mente. "¿Exactamente cómo
ayudas a la gente?" inquirió. No lo séEl emperador, que era un Budista devoto, invitó al gran maestro zen
al palacio para hacerle preguntas sobre el Budismo. "¿Cuál
es la suprema verdad de la santa doctrina budista?" preguntó el
emperador. Aún vivoEl Emperador le preguntó al maestro Gudo,"¿Qué le
sucede a un hombre iluminado luego de la muerte?" ObsesionadoDos monjes viajeros llegaron a un río donde encontraron a una joven
mujer. Preocupada por la corriente, preguntó si la podían llevar
al otro lado. Uno de los monjes dudó, pero el otro la levantó
rápidamente sobre sus hombros, la llevó al otro lado del río,
y la dejó en la orilla. Ella le dio las gracias y se alejó. ParaísoDos personas están perdidas en el desierto. Estan muriendo de hambre
y sed. Finalmente, llegan a una alta pared. Pueden oir del otro lado el sonido
del agua y de los pájaros cantando. Más allá pueden ver
las ramas de un suntuoso árbol que se extiende por sobre el muro. Su
fruto parece delicioso. La práctica hace a la perfercciónUn cantante de baladas dramáticas estudiaba con un estricto maestro que insistía en que ensayara día tras día, mes tras mes, el mismo pasaje de la misma canción, sin permitirle ir más adelante. Finalmente, lleno de frustración y desesperanza, el joven huyó para buscar otra profesión. Una noche, en una taberna, se encontró con un concurso de recitación. Sin nada que perder, entró a la competencia y, por supuesto, cantó ese pasaje que conocía tan bien. Cuando terminó, el organizador del concurso elogió su actuación. A pesar de las objeciones del avergonzado estudiante, el organizador se negó a creer que lo que acababa de oir era la actuación de un principiante. "Dime", dijo el organizador, "¿quién es tu instructor? Debe ser un gran maestro". El estudiante se hizo conocido más tarde como el gran intérprete Koshiji.
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