Pensamiento Oriental

Historias Zen III

Araña

Una historia tibetana cuenta sobre un estudiante de meditación que, mientras meditaba en su cuarto, creía ver una araña descender frente a él. La amenazadora criatura regresaba cada día, cada vez más grande. El estudiante estaba tan asustado que fue a su maestro a contarle su dilema. Le dijo que planeaba colocar un cuchillo sobre su falda durante la meditación, de modo que cuando la araña apareciera, la mataría. El maestro le aconsejó que no lo hiciera. En cambio, le sugirió que se llevara un trozo de tiza a la meditación y que cuando la araña apareciera, le marcara una "X" en la panza. Y que luego viniera a contar lo sucedido.
El estudiante volvió a su meditación. Cuando la araña apareció nuevamente, resistió el impulso de atacarla, en cambio, hizo exactamente lo que el maestro le había sugerido. Cuando más tarde se lo contó a su maestro, este le dijo que se levantara la camisa y mirara su propio vientre. Allí estaba la "X".

Plena conciencia

Luego de diez años de aprendizaje, Tenno obtuvo el rango de maestro zen. Un día lluvioso, fue a visitar al famoso maestro Nan-in. Cuando entró, el maestro lo saludó con una pregunta, "¿Dejaste tus zuecos de madera y tu paraguas en la entrada?"
"Sí," contestó Tenno.
"Dime," continuó el maestro, "¿colocaste tu paraguas a la izquierda de tus zapatos, o a la derecha?
Tenno no supo la respuesta, y se dio cuenta que no había logrado el estado de plena conciencia. Así que se convirtió en el aprendiz de Nan-in y estudió con él por diez años más.

El regalo de insultos

Vivió una vez un gran guerrero. Aunque muy viejo, aún era capaz de vencer a cualquier contrincante. Su reputación se extendió ampliamente y muchos estudiantes se juntaron para aprender con él.
Un día, un infame joven guerrero llegó al pueblo. Estaba decidido a ser el primer hombre que venciera al gran maestro. Ademas de su fuerza, tenía una habilidad asombrosa para encontrar y explotar cualquier debilidad en un oponente. Esperaría que su oponente hiciera el primer movimiento, y así revelara una debilidad, y entonces atacaría con despiadada fuerza y velocidad de rayo. Nadie había durado con él en un encuentro más alla de su primer movimiento.
En contra de los consejos de sus preocupados estudiantes, el viejo maestro aceptó gustoso el reto del joven guerrero. Cuando ambos estaban listos para la batalla, el joven guerrero empezó a dirigirle insultos al viejo maestro. Le tiró tierra y escupitajos a la cara. Durante horas lo agredió verbalmente con todas las maldiciones e insultos conocidos por la humanidad. Pero el viejo guerrero simplemente su mantuvo en pie inmóvil y tranquilo. Finalmente el joven guerrero se agotó. Reconociendo que estaba vencido, se alejó sintiéndose avergonzado.
De alguna manera desilusionados de que el maestro no hubiera peleado con el insolente joven, sus alumnos lo rodearon y le preguntaron. "¿Cómo pudo soportar semejante vileza? ¿Cómo hizo para ahuyentarlo?
"Si alguien te viene con un regalo y no aceptas ese regalo, "replicó el maestro, "¿a quién pertenece?"

Yendo con la corriente

Una historia Taoista cuenta sobre un hombre viejo que accidentalmente cayó en los rápidos del río dirigiendose a una alta y peligrosa cascada. Los testigos temían por su vida. Milagrosamente, salió vivo e ileso río abajo en el fondo de la cascada. La gente le preguntó cómo se las había arreglado para sobrevivir: "Me acomodé al agua, no el agua a mí. Sin pensar, permití que el agua me moldeara. Caí en el remolino, salí con el remolino. As� es como sobreviví."

El dedo de Gutei

Cuando alguien le preguntaba sobre el zen, el gran maestro Gutei solía levantar silenciosamente su dedo en el aire. Un joven discípulo empezó a imitar ese comportamiento. Cada vez que oía a la gente hablar sobre las enseñanzas de Gutei, levantaba su dedo silenciosamente. Gutei oyó hablar de las travesuras del discípulo.
Un día, llamó al chico y le dijo, "�Qué es el Dharma-Buda?"
El chico, contento de poder demostrar el haber alcanzado las ense�anzas de Gutei, levantó orgullosamente el dedo.
El maestro le agarró del dedo y se lo cortó. El niño lloró y empezó a correr, asustado, dolorido y decepcionado. Pero Gutei lo llamó. Cuando el niño se dio la vuelta para ver, Gutei le volvió a preguntar, "�Qué es el Dharma-Buda?"
El discípulo levantó el dedo, pero ya no tenía dedo...
Silenciosamente, Gutei levantó su propio dedo en el aire.
En ese momento el chico se iluminó.

Hombre Santo

Se extendieron por la campiña palabras sobre un sabio hombre santo que vivía en una pequeña casa en la cima de la montaña. Un hombre del pueblo decidió realizar el largo y difícil viaje para visitarlo. Cuando llegó a la casa, vio a un viejo sirviente dentro que lo saludó en la puerta. "Me gustaría ver al sabio hombre santo," le dijo al sirviente. El sirviente sonrió y lo dejó entrar. Mientras caminaban por la casa el hombre del pueblo miraba ansiosamente alrededor de la casa, anticipando su encuentro con el hombre santo. Antes de darse cuenta, el sirviente le había llevado a la puerta trasera y escoltado hacia fuera. Se detuvo y le dijo al sirviente, "¡Pero yo quiero ver al hombre santo!"
"Ya lo has hecho," dijo el viejo. "Todas las personas que puedas conocer en la vida, aunque parezcan simples e insignificantes... ve a cada uno de ellos como un sabio hombre santo. Si haces esto, cualquier problema que hayas traido aquí hoy estará solucionado.

Iluminado

Un día el Maestro anunció que un joven monje había alcanzado un estado de iluminación avanzado. La noticia causó revuelo. Algunos de los monjes fueron a ver al joven monje. "Hemos oído que te has iluminado. ¿Es verdad?" preguntaron.
"Lo es," contestó.
"¿Y como te sientes?"
"Tan mal como siempre," dijo el monje.

¿Es así?

Una hermosa joven del pueblo estaba embarazada. Sus padres, furiosos, exigieron saber quien era el padre. Al principio no quiso confesar, la inquieta y avergonzada muchacha finalmente acusó a Hakuin, el maestro zen que todos había reverenciado por llevar una vida pura. Cuando los indignados padres enfrentaron a Hakuin con la acusación de su hija, el contestó simplemente "¿es así?"
Cuando el hijo nació, los padres se lo trajeron a Hakuin, que ahora era visto como un paria por todo el pueblo. Le pidieron que se haga cargo del niño ya que era su responsabilidad. "¿Es así?" dijo Hakuin con calma mientras aceptaba al niño.
Por muchos meses cuidó muy bien al niño hasta que la hija no pudo sostener más la mentira que había dicho. Confesó que el verdadero padre era un hombre joven del pueblo que ella había tratado proteger. Los padres fueron inmediatamente con Hakuin para ver si devolvería al bebé. Con grandes disculpas explicaron lo que había pasado. "¿Es así?" dijo Hakuin y les entregó al niño.

Pasará

Un estudiante fue con su maestro de meditación y dijo, "¡Mi meditación es horrible! Me siento tan distraido, o me duelen las piernas, o me estoy quedando dormido constantemente. ¡Es horrible!"
"Pasará", dijo el maestro con toda naturalidad.
Una semana después, el alumno volvió con su maestro. "¡Mi meditación es maravillosa!¡ Me siento tan conciente, tan tranquilo, tan vivo! ¡Es maravilloso!
"Pasara", dijo el maestro con toda naturalidad.

Conocer a los peces

Un día Chuang Tzu y un amigo caminaban por un río. "Mira a lo peces nadando allí," dijo Chuang Tzu, "realmente están disfrutando."
"Tu no eres un pez," contestó el amigo, "Así que no puedes saber realmente que están disfrutando."
"Tu no eres yo," dijo Chuang Tzu. "Así que ¿cómo sabes que yo no sé que los peces están disfrutando?"

Aprendiendo de la manera difícil

El hijo del maestro ladrón le pidió a su padre que le enseñara los secretos de la profesión. El viejo ladrón aceptó y esa noche lo llevó a robar una gran casa. Mientras la familia estaba dormida, silenciosamente llevó al joven aprendiz a un cuarto que contenía un ropero. El padre le dijo a su hijo que entrara al ropero y tomara algunas prendas. Cuando lo hizo, su padre rápidamente cerró la puerta y lo encerró. Luego salio de la casa, golpeó con fuerza la puerta principal, despertando a la familia, y rápidamente se escapó para que nadie lo viera. Horas más tarde, su hijo regresó a casa, despeinado y muy cansado. "Padre", gritó enojado, "¿Por qué me encerraste en el ropero? Si no hubiera estado desesperado por mi miedo a ser atrapado, nunca huviera escapado. ¡Tuve que emplear toda mi ingenuidad salir!" El viejo ladrón sonrió. "Hijo, has recibido tu primera lección en el arte del robo."