Pensamiento Clásico
Parménides o de las ideas (argumento) - Platón
"Algunos - dice Proclo en su comentario sobre el Parménides-,
no tienen en cuenta el título del diálogo (De las ideas); y lo
consideran sólo como un ejercicio lógico. Dividen el diálogo
en tres partes: en la primera se exponen las dificultades de la teoría
de las ideas; la segunda contiene en resumen el método a que deben aplicarse
los amantes de la verdad; la tercera ofrece un ejemplo de este método,
a saber, la tesis de Parménides sobre la unidad. La primera parte tiene
por objeto demostrar cuan necesario es el método, explicado en el Parménides;
puesto que Sócrates, a causa de su poca experiencia en el mismo, no puede
sostener la teoría de las ideas, por verdadera que ella sea, y por vivo
que sea su empeño. En cuanto a la tercera parte, no es otra cosa que
un modelo que muestra cómo es preciso ejercitarse en este método.
Aquí, como en El sofista, se procede según el de división.
En aquel, el ensayo recae sobre el pescador de caña; en este, sobre la
unidad de Parménides. Dicen igualmente que el método de Parménides
difiere de Los tópicos de Aristóteles. Este establece cuatro clases
de problemas, que Teofrasto reduce a dos. Pero semejante ciencia sólo
puede convenir a los que se contentan con buscar lo probable; por el contrario,
el método de Platón suscita hipótesis, que tratadas sucesivamente,
hacen que aparezca la verdad. Porque en estas deducciones necesarias, lo posible
sale de lo posible y lo imposible de lo imposible.
"Tal es la opinión de los que creen que el objeto
del diálogo es puramente lógico. En cuanto a los que piensan que
es, por decirlo así, ontológico y que el método es aquí
sólo un instrumento, dicen que Platón, lejos de presentar estos
dogmas misteriosos sólo para la explicación del método,
nunca sentó tesis para llevar a la exposición de uno determinado,
sino que se sirve ya de uno, ya de otro, según las necesidades del momento.
Se vale indistintamente de ciertos métodos, según lo exigen las
cosas que quiere indagar, como por ejemplo: el método de división
en El sofista; y no para enseñar al lector a dividir, sino para sujetar
al gran sofista; y en esto no hace más que imitar fielmente la naturaleza
misma, que emplea los medios para el fin y no el fin para los medios. Todo método
es indispensable a los que quieren ejercitarse en la ciencia de las cosas, pero
no es por sí mismo digno de indagación. Además, si el Parménides
fuese sólo un simple ejercicio de método, sería preciso
aplicarlo en su rigor, y esto es precisamente lo que no tiene lugar. Entre todas
las hipótesis, indicadas por el método, se escoge ésta,
se desecha aquella, o se modifican las demás. Si la tesis de la unidad
no fuese en este caso más que un ejemplo, ¿no sería ridículo
no observar el método, y no tratar el ejemplo según las reglas
que él prescribe?"
Estas palabras de Proclo tienen un doble mérito. Ellas
nos dan a conocer las dos opiniones contrarias que han sido sostenidas, y lo
son aún hoy día, acerca del sentido, objeto y extensión
del Parménides, indicándonos además sus principales divisiones.
En efecto; en el Parménides hay que distinguir tres partes,
de extensión muy desigual; una, en la que Platón inicia la teoría
de las ideas, y hace entrever algunas de las dificultades que ella suscita;
otra, en la que aplica este método a la idea suprema, por excelencia,
a la idea de la unidad.
I. Hay ideas independientes de los objetos, por ejemplo las de
semejanza y desemejanza, mediante las que son semejantes todas las cosas que
se parecen y diferentes las que difieren. Hay igualmente, a no dudar, ideas
de lo justo, de lo bello, de lo bueno, etc. Pero ¿hay una idea del hombre,
del fuego, del agua; hay una idea de lo sucio, de lo cenagoso, de la basura
y generalmente de todo lo que es innoble y abyecto? Las cosas participan de
las ideas y toman de ellas su denominación; y así se llaman grandes
las que participan de la magnitud; pero ¿cómo se opera esta participación?
¿Participan las cosas de la idea entera o de una parte de la idea? Si
es de una parte de la idea, entonces la idea es múltiple; si es de la
idea entera, ¿cómo puede encontrarse toda entera en mil objetos
a la vez? ¿Podrá uno fijarse en una idea, como último término
a que el espíritu puede arribar? Al comparar las cosas grandes, lo hacemos
con relación a la magnitud; pero ¿con qué derecho no pasamos
de aquí? ¿Por qué no se comparan las cosas grandes y la
magnitud, para referirlas a otra magnitud más grande y así hasta
el infinito? De suerte que se puede tener, no una sola idea de magnitud, sino
una infinidad de ideas de magnitud; no una sola idea de cada género.
Se va a pasar también a esta multitud, a este progreso, hasta el infinito,
si se sustituye la participación de las cosas en las ideas con la semejanza
de las cosas con las ideas; porque pareciéndose las ideas y las cosas,
suponen una idea común; ésta supone otra; esta otra, otra; y así
sin cesar y sin fin. Pero he aquí otra dificultad. Si las ideas existen
en sí (es decir, si hay ideas), no se comprende cómo puedan ser
conocidas. En efecto; si existen en sí, no existen en nosotros, no están
en relación con nosotros, sino que lo están las unas con las otras.
En igual forma, las cosas sensibles sólo tienen relación entre
sí. Pero entonces hay una ciencia en sí, que es la de las ideas
en sí; y una ciencia de las cosas sensibles; y estas dos ciencias no
mantienen relación entre sí. Luego no podemos conocer las ideas.
Una consecuencia más grave aún, y no menos necesaria, es que Dios
no puede conocer las cosas sensibles. En efecto; hay la ciencia en sí,
pero la ciencia en sí no es la ciencia de las cosas sensibles, ni tiene
con éstas la menor relación. Dios es, por tanto, extraño
a la ciencia de las cosas sensibles, las que son por consiguiente para El como
si no existiesen.
II. He aquí, ciertamente, muchas oscuridades; y no es
fácil ver de dónde vendrá la luz. ¿Quiere decir
esto que haya precisión de abandonar las ideas? No, porque sin ellas
no hay pensamiento, ni razonamiento posibles. Pero antes de intentar definirlas,
cosa muy delicada, es preciso ejercitarse convenientemente. Este ejercicio consiste
en lo siguiente: tomar sucesivamente cada idea, y suponiendo, primero, que existe,
segundo, que no existe; examinar cuáles son las consecuencias de esta
doble hipótesis, ya con respecto a la idea considerada en sí misma
y con relación a las otras cosas, ya con respecto a las otras cosas consideradas
en sí mismas y con relación a la idea. Es imposible que el espíritu
no encuentre, en esta gimnasia intelectual, la explicación verdadera
de las cosas y de sus principios con más firmeza y rectitud.
III. Veamos esto en la idea de la unidad.
Si lo uno existe, ¿qué se sigue de aquí
con relación a lo uno considerado en sí mismo y con relación
a las demás cosas?
1º Si lo uno existe, no es múltiple: no tiene partes
- No tiene por tanto principio, ni fin; es ilimitado -No teniendo límites,
no tiene forma -No teniendo forma, no está en ninguna parte; porque si
estuviese en alguna parte, estaría en sí mismo o en otra cosa;
si estuviera en otra cosa estaría rodeado; si estuviera en sí
mismo, se rodearía a sí mismo, y en ambos casos, tendría
forma. -No estando en ninguna parte, no está en movimiento, ni en reposo.
El movimiento es o una alteración de la naturaleza, o un cambio de lugar.
Pero lo uno no puede ser alterado en su naturaleza, puesto que cesaría
de ser uno; tampoco podría mudar de lugar, puesto que no está
en ninguna parte, es decir, en ningún lugar. Luego no está en
movimiento. De otro lado, no puede permanecer constantemente en el mismo lugar,
puesto que no está en ninguno. Luego no está en reposo. Lo uno
no es lo mismo que lo otro y que él mismo; ni lo otro que él mismo
y que lo otro. No es lo otro que él mismo, porque no sería lo
uno; ni lo mismo que lo otro, por la misma razón. Tampoco es lo otro
que otro otro, porque es lo uno y no lo otro, y por consiguiente no puede ser
lo otro, cualquiera que ello sea. Tampoco es lo mismo que él mismo, porque
es lo uno y no lo mismo, y por consiguiente, no es lo mismo respecto a ninguna
otra cosa. -Lo uno no es semejante, ni desemejante, ni a sí mismo, ni
a lo otro, porque no puede ser semejante a nada, no pudiendo ser lo semejante
lo que no es lo mismo; porque no puede ser desemejante a nada, no pudiendo ser
lo desemejante lo que no es lo otro. -Lo uno no puede ser igual, ni desigual,
ni a sí mismo, ni a otra cosa; no puede ser igual, porque de serlo participaría
de lo semejante o de lo mismo, lo cual no puede ser; ni desigual, porque de
serlo participaría de lo desemejante o de lo otro, lo que no puede tampoco
ser. -Lo uno no es más joven, ni más viejo, ni de la misma edad
que él mismo o que otra cosa; si se le supone más joven o más
viejo, sería desigual; si de la misma edad, sería igual. -Lo uno
no está en el tiempo; y no puede decrise que ha existido, que existe
o que existirá; y, por tanto, no existe. -Si no existe, no es lo uno,
y no puede ser conocido, ni nombrado, lo cual parece absurdo.
2º Si lo uno existe, participa del ser; y por consiguiente
hay en él dos cosas, es decir, dos partes: lo uno y el ser; cada una
de estas partes es y es una; encierra dos partes, las cuales encierran también
otras dos, y así en un progreso infinito; de suerte que lo uno, que existe,
es una multitud infinita. Al mismo resultado tiene que llegarse, demostrando,
que si el ser existe, el número existe; de donde se sigue que el ser
tiene una infinidad de partes, y de aquí que lo uno tiene una infinidad
de partes. -Si lo uno tiene partes, es un todo; y si es un todo, está
limitado.- Si lo uno es un todo, tiene un principio, un medio y un fin; y si
tiene un principio, un medio y un fin, tiene una forma, ya circular, ya recta,
ya mixta. -Está en sí mismo y en otra cosa. Está en sí
mismo, proque lo uno es el todo; todas las partes están en el todo; todas
las partes son lo uno; luego lo uno está en el todo, es decir, en sí
mismo. Está en otra cosa; porque el todo no está en cada una de
sus partes, ni en algunas, ni tampoco en todas, lo que supondría que
está en cada una; y como es preciso que esté en alguna parte,
sopena de no existir, es necesario que esté en otra cosa. -Lo uno está
en movimiento y en reposo. En tanto que está en sí mismo, está
en reposo; en tanto que está en sí mismo y en otra cosa, está
en movimiento. -Lo uno es lo mismo y lo otro que él mismo, lo mismo y
lo otro que las otras cosas. Puesto que lo uno es lo uno, es lo mismo que él
mismo. Puesto que lo uno existe, es el ser en cierta manera, y siendo el ser
lo uno, éste es otro que él mismo. Puesto que lo uno es lo uno,
no es las otras cosas; es lo otro que las otras cosas. En fin, puesto que nada
existe que no sea uno, es lo mismo que las otras cosas. Lo uno es semejante
y desemejante a si mismo y a las otras cosas. En efecto, de una parte lo uno
es otro que todo lo demás; de otra, todo lo demás es otro que
lo uno; de suerte que lo uno y todo lo demás, confundiéndose en
este mismo otro, son semejantes. Pero bajo otro punto de vista, lo uno es lo
mismo que todo lo demás; y lo mismo, siendo opuesto a lo otro; puesto
que, en tanto que es otro, lo uno es semejante a las otras cosas; y en tanto
que es lo mismo es desemejante de ellas. En fin; se ha probado que lo uno es
lo mismo que él mismo, y por tanto semejante a sí mismo; que es
otro que él mismo, y por lo tanto desemejante a sí mismo. -Lo
uno es igual y desigual a sí mismo y a las otras cosas. Igual a las otras
cosas, que no pueden ser más grandes, ni más pequeñas que
lo uno; porque la magnitud y la pequeñez no pueden encontrarse, ni en
la totalidad de un todo, ni en sus partes. Igual a sí mismo; puesto que,
no teniendo tampoco magnitud, ni pequeñez, no puede sobreponerse, ni
ser sobrepuesto por él mismo. Desigual a sí mismo; porque estando
en sí mismo, él se comprende, al mismo tiempo que es comprendido
por sí; lo que hace que sea a la vez más grande y más pequeño
que él mismo; y por consiguiente desigual a sí mismo. Desigual
a las otras cosas; porque estando lo uno en las otras cosas recíprocamente
en lo uno, es más grande que ellas; más grande y más pequeño,
es decir desigual. -Lo uno se hace y es más joven y más viejo,
y también de la misma edad que él mismo y que las otras cosas.
En efecto; puesto que existe, participa del tiempo. Pero el tiempo pasa; lo
uno se hace más viejo que él mismo, que él mismo, que se
hace por consiguiente más joven. Pero si nos fijamos en lo presente,
intermedio entre haber sido y haber de ser, entonces no llega a ser, sino que
es; y es más viejo y más joven que él mismo. Pero él
es y deviene en un tiempo igual a si mismo; y por tanto es de la misma edad
que él mismo. Por otra parte; lo uno comparado con la multitud de las
otras cosas, es lo más pequeño, es el primogénito; y por
consiguiente más viejo que las otras cosas. Pero lo uno teniendo un principio,
un medio y un fin, no existe sino con el fin, con el fin de todo; y es por tanto,
el último nacido; y por consiguiente, más joven que las otras
cosas. Pero siendo el principio, el medio y el fin, partes; y siendo cada parte
una, lo uno es contemporáneo del principio, del medio y del fin; y por
consiguiente, de la misma edad que las otras cosas. En fin; estando lo uno en
el tiempo, puede decirse que es, que ha sido y que será; luego existe
verdaderamente. Luego puede ser conocido y nombrado.
3º Si lo uno es y no es, es múltiple y no es múltiple;
hay por lo tanto un tiempo en que participa del ser, y otro tiempo en que no
participa. Por tanto nace y muere. -Haciéndose uno y múltiple
sucesivamente, por necesidad se divide y se une. -Haciéndose semejante
y desemejante, se parece y se diferencia de sí mismo. -Haciéndose
más grande, más pequeño e igual aumenta, disminuye y se
iguala. -Por otra parte, cuando lo uno pasa del movimiento al reposo, o del
reposo al movimiento, el cambio se verifica en lo que se llama instante; de
suerte que en este tránsito de un estado a otro, lo uno no está,
ni en reposo, ni en movimiento, ni está en el tiempo. -En igual forma,
cuando lo uno pasa de la nada al ser o del ser a la nada, no es, ni ser, ni
no-ser; y por consiguiente, ni nace, ni muere. -Asimismo, pasando de lo uno
a lo múltiple, y de lo múltiple a lo uno, ni se divide, ni se
une. -Pasando de lo semejante a lo desemejante, y de lo desemejante a lo semejante,
no se parece, ni se diferencia. -Pasando de lo grande a lo pequeño, de
lo igual a lo desigual y recíprocamente, ni aumenta, ni disminuye, ni
se iguala.
Si lo uno existe, ¿qué se sigue de aquí
respecto a las demás cosas?
1º Las cosas distintas que uno, no son lo uno, pero participan
de él; son partes unidas en un todo, y cada una de las partes es una
en cierta manera, y el todo es uno en cierto modo. -Las cosas distintas que
lo uno, no siendo uno, son necesariamente más numerosas que lo uno; son,
si se quiere, el número infinito. En efecto; antes de participar de lo
uno, las otras cosas son exclusivamente pluralidades; pero la más pequeña
parte de cada una de estas pluralidades, a falta de lo uno, es también
una pluralidad, y así indefinidamente. -Las cosas distintas que lo uno,
son ilimitadas y limitadas; ilimitadas en sí mismas, limitadas después
de participar de lo uno; porque entonces son partes de un todo, y las partes
son limitadas las unas respecto de las otras y respecto del todo, y el todo
limitado respecto de las partes. -Las cosas distintas que lo uno, son semejantes
y desemejantes a sí mismas, y las unas respecto a las otras; semejantes,
porque todas tienen las mismas cualidades, siendo todas limitadas y todas ilimitadas;
desemejantes, porque estas cualidades, siendo todas limitadas y todas ilimitadas;
desemejantes, porque estas cualidades son contrarias. -Podría demostrarse
igualmente que son iguales y desiguales, que están en reposo y en movimiento,
etc.
2º Las cosas distintas que lo uno, no son lo uno; y como
lo uno no tiene partes, no participan tampoco de él. -Tampoco son muchos;
porque lo mucho se compone de unidades repetidas, y ellas no tienen nada de
lo uno. -No son semejantes y desemejantes, porque si fueran semejantes solamente,
o desemejantes solamente, participarían de una cosa; y si semejantes
y desemejantes a la vez, de dos cosas. -En igual forma podría demostrarse
que no son iguales, ni desiguales, ni están en reposo, ni en movimiento,
etc.
Si lo uno no existe, ¿qué se sigue de aquí
respecto a lo uno?
1º Si lo uno no existe, es, sin embargo, conocido; puesto
que, en otro caso, nada podría decirse de él, y es preciso por
tanto referirlo a la ciencia. -El participa de aquél y de alguna cosa,
etc., puesto que se dice de él aquél y alguna cosa, etc. -Es desemejante
y semejante; desemejante, puesto que siendo desemejante de él las otras
cosas, él es necesariamente desemejante a su vez; semejante, puesto que
siendo desemejante a las demás cosas, es preciso que se parezca a sí
mismo. -Lo uno, que no existe, tiene la desigualdad; porque si fuese igual a
las otras cosas, no sería desemajante de ellas; tiene la magnitud y la
pequeñez, porqe éstas forman parte de la desigualdad, que consiste
en ser más grande o más pequeña; tiene la igualdad porque
está compredida como intermedia entre al magnitud y la pequeñez.
-Lo uno, que no existe, tiene el ser; porque una verdad es decir una cosa que
existe. Lo uno existe, no existiendo. -Lo uno, que no existe, tiene por tanto
el ser, y no tiene el ser; cambia, se mueve y está por consiguiente en
movimiento. Pero no existiendo, no cambia de lugar, no gira sobre sí
mismo, no se altera y está por lo mismo en reposo. -Lo uno, que no existe,
estando en reposo, subsiste constantemente en el mismo estado, y no nace ni
muere.
2º Si lo uno no existe, no participa absolutamente del ser.
-No participando en manera alguna del ser, no puede recibirlo ni perderlo; y
por lo tanto, no nace ni muere. -No naciendo ni muriendo, no se altera. -No
alterándose, no está en movimiento; no existiendo en manera alguna,
no está en reposo; y por consiguiente, no está en movimiento,
ni en reposo. -No existe en manera alguna, puesto que no participa en nada del
ser. -No tiene magnitud, ni pequeñez, ni igualdad, ni desigualdad. -No
es semejante, ni desemajante. -No puede achacársele ni esto ni aquello,
etc., ni tampoco ciencia, ni denominación de ninguna clase.
Si lo uno no existe, ¿qué se sigue de aquí
respecto de las demás cosas?
1º Si lo uno no existe, las demás cosas, no siendo
distintas con relación a lo uno, que no existe, lo son con relación
a sí mismas, es decir, a sus masas. -Si son masas sin unidad, parecen
unas y muchas; unas por sus masas; muchas, porque se descomponen en una multitud
infinita. -Parecen semejantes y desemejantes; porque, a la manera de un cuadro
visto de lejos, sus partes se confunden en una sola; y vistos de cerca se distinguen.
-Ellas parecen las mismas y otras en movimiento y en reposo, naciendo y muriendo,
etc.
2º Si lo uno no existe, las demás cosas no son ni
unas, puesto que no tienen unidad, ni muchas, puesto que sin unidad no puede
haber pluralidad; y por consiguiente, no parecen ni unas ni muchas. -No existen,
pues ni parecen semejantes, ni desemejantes; ni las mismas, ni otras; ni en
movimiento, ni en reposo; ni naciendo ni muriendo, etc.
De suerte que, exista o no exista lo uno, lo uno y las otras
cosas, con relación a sí mismas y con relación las unas
a las otras, son todo absolutamente, o no son nada; lo parecen y no lo parecen.
He aquí el Parménides con todo su rigor, su sutileza
y su aridez. Porque la aridez aquí no es otra cosa que una exactitud
más. ¿Cuál es la significación y valor filosófico
de este diálogo? De las dos opiniones perfectamente caracterizadas por
Proclo, ¿cuál será la nuestra?
Si fuera absolutamente imprescindible escoger una, con exclusión
de la otra, confesamos que nos decidiríamos por la primera, y no veríamos
por consiguiente en el Parménides más que un ejercicio lógico;
pero si fuese posible conciliar ambas opiniones, preferiríamos la conciliación.
Hay indudablemente en el Parménides un ejercicio lógico.
Platón nos lo dice de una manera formal, y es preciso creerle. Observad
cómo obliga a hablar a Parménides y a Sócrates.
Parménides. -¿Qué partido tomarás,
Sócrates, en punto a filosofía y cómo saldrás de
todas estas incertidumbres?
Sócrates. -En verdad, no lo sé.
Parménides. -Consiste en que intentas, Sócrates,
definir lo bello, lo justo, lo bueno, y las demás cosas, antes de estar
suficientemente ejercitado. Ya me había hecho cargo de ello. Es bello
y divino el ardor que te inflama. pero ensaya tus fuerzas; ejercítate,
mientras seas joven, en lo que el vulgo juzga inútil y tiene por pura
palabrería; obrando de otra manera, no cuentes con descubrir la verdad.
Sócrates. -¿En qué consite ese ejercicio,
Parménides?
Parménides responde indicando las partes esenciales de
una argumenteación, que es la que se sigue después en el diálogo,
y termina de la manera siguiente: "He aquí lo que debe hacerse,
si quieres ejercitarte convenientemente, y hacerte capaz de dicernir la verdad."
No comprendo que Platón haya podido decir con mayor claridad
que este es un ejercicio lógico.
Por otra Parte, Platón hizo conocer en el Fedón
la utilidad, la necesidad, y el momento crítico de este ejercicio lógico,
de esta argumentación racional, cuando dice:
"Si se llegara a atacar este pricipio, no dejarías
sin respuesta semejante ataque, hasta que hubieses examinado todas las consecuencias
que derivan de este principio, y reconocido tú mismo si concuerdan o
no entre sí." Y en La república, donde dice:
"Por la segunda división del mundo inteligible, es
preciso entender todo aquello de que la facultad de pensar se apodera inmediatamente
por el poder de la dialéctica, formando hipótesis, que mira como
tales y no como principios, y que le sirven como grados y puntos de apoyo para
elevarse hasta su primer principio, que no tiene nada de hipotético.
Dueño ya de este principio, el pensamineto indaga todas las consecuencias
que de él se derivan, y las lleva hasta la última conclusión,
rechazando todo dato sensible, para apoyarse únicamente en las ideas
puras, por las que comienza, continúa y se termina la demostración."
Pero ¿este ejercicio lógico no es más que
un nuevo ejercicio, y esta argumentación, una pura argumentación
sin fin ulterior? Todas estas deducciones contradictorias, estas tesis y antítesis,
estas antinomías, ¿no conducen al espíritu en medio de
estas vueltas y revueltas, a algún resultado dogmático, y, para
hablar con más precisión, a alguna doctrina filosófica
sobre lo uno y las demás cosas, y, en términos vulgares, sobre
Dios y el mundo?
No hay precisión de acudir al final de Parménides,
para responder a esta pregunta; puesto que allí sólo se encuentra
por toda conclusión la más negativa de todas las negaciones: "Que
lo uno exista o que no exista, lo uno y las otras cosas, con relación
a sí mísmas y con relación las unas a las otras, son absolutamente
todo y no son nada, lo parecen y no lo parecen." Pero es preciso no tomar
este diálogo de Platón a la letra. Su táctica consiste
en dejar mucho que adivinar al lector; las tres cuartas partes de sus diálogos
en manera alguna llegan a una conclusión; y en las más, la que
se expresa es de tal manera superficial, que al parecer sólo se la pone
allí, para advertir que es preciso indagar otra más profunda,
que está como sobreentendida.
¿Cuál es esta conclusión profunda, que Platón
da por sobreentendida en el Parménides? Creemos entreverla, gracias a
los Estudios de Pablo Janet y si me engaño, tendré el consuelo
de haberme engañado en compañía de un noble espíritu.
La argumentación del Parménides comprende dos partes
distintas: 1º Si lo uno existe, ¿qué se sigue de aquí
respecto de lo uno y de las demás cosas? 2º Si lo uno no existe,
¿qué se sigue de aquí respecto de lo uno y de las demás
cosas? Si se consideran en conjunto estas dos hipótesis, se reconoce
sin dificultad que la segunda conduce a tales absurdos, que debe ser desechada,
lo cual sirve de apoyo a la primera. Luego lo uno existe.
¿Qué uno?
La primera hipótesis del Parménides comprende a
su vez tres partes: 1º Si lo uno existe sin participar de lo mútiple,
¿qué se sigue? 2º Si lo uno existe participando del ser y
por consiguiente de lo múltiple, ¿qué se sigue? 3º
Si lo uno existe en tanto que uno y múltiple a la vez, ¿qué
se sigue? La primera suposición, que es la de lo uno absoluto, que excluye
todo lo que no es él mismo, la de lo uno uno, repugna a la razón
por sus consecuencias. Admitiendo, por ejemplo, lo uno, ¿cómo
admitir que no está en ninguna parte, y que no es, ni puede ser, concebido
ni nombrado? Esto equivale a afirmar y negar a la vez, incurriendo en la más
patente contradicción. Lo verdaderamente uno no es lo uno en absoluto,
exclusivo de todo lo que no es él mismo, lo uno uno. Es por tanto lo
uno-ser, que es lo que se demuestra en la segunda, en la que se prueba que participando
lo uno del ser, nada resulta que no sea razonable; la tercera, en la que se
hace ver, que lo uno-ser, considerado a su vez como uno y como ser, produce
consecuencias opuestas, pero no contradictorias, porque se refieren a dos puntos
de vista también opuestos.
Lo uno existe por cima del universo, pero no está encerrado,
como lo creían los eleáticos en la abstracción de la unidad
en sí. Lo uno existe, es vivo, es fecundo; participa de todas las cosas,
así como todas las cosas participan de él; desciende a la multiplicidad
como la multiplicidad se eleva a la unidad; y esta unidad múltiple es
el verdadero Dios; y esta multiplicidad una es el verdadero mundo.
Así es como entendemos el Parménides, examinando
la doctrina con el método, y el método con la doctrina. Así
es como comprendemos a Platón, no separando el camino del término
a que conduce, ni el término a que conduce del camino.
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