Pensamiento Oriental
Frases - Confucio
En cierta ocasión le decía Pu Shang a Confucio: «¿Qué clase de
sabio eres tú, que te atreves a decir que Yen Hui te supera en honradez; que
Tuan Mu Tsu es superior a ti a la hora de explicar las cosas; que Chung Yu es
más valeroso que tú; y que Chuan Sun es más elegante que tú?» En su ansia por
obtener respuesta, Pu Shang casi se cae de la tarima en la que estaban sentados.
«Si todo esto es cierto», añadió, «entonces, ¿por qué los cuatro son discípulos
tuyos?» Confucio respondió: «Quédate donde estás y te lo diré. Yen Hui sabe
cómo ser honrado, pero no sabe cómo ser flexible. Tuan Mu Tsu sabe cómo explicar
las cosas, pero no sabe dar un simple sí o un no por respuesta. Chung Yu sabe
cómo ser valeroso, pero no sabe ser prudente. Chuan Sun Shih sabe cómo ser elegante,
pero no sabe ser modesto. Por eso los cuatro están contentos de estudiar conmigo»
El hombre que ha cometido un error y no lo corrige, comete otro
error.
Cuando en un país reina el orden, es una vergüenza ser hombre
pobre y común. Cuando en un país reina el caos, es una vergüenza ser rico y
funcionario.
La verdad no puede apartarse de la naturaleza humana. Si lo
que consideramos verdad se aparta de la naturaleza humana, entonces no puede
ser verdad.
Cuando el gobernante mismo obra rectamente, ejercerá influencia
sobre el pueblo sin dar órdenes, y cuando el gobernante mismo no obra rectamente,
todas sus órdenes serán inútiles.
Si un gobernante rectifica su propia conducta, el gobierno es
asunto fácil, y si no rectifica su propia conducta, ¿cómo puede rectificar a
los demás?
El confucianismo persigue un orden social racionalizado a través
de la ética y basado en la cultura personal. Tiende a un orden político echando
los cimientos de un orden moral, y busca la armonía política tratando de perfeccionar
la armonía moral en el hombre mismo. De modo que su característica más curiosa
fue la abolición de la diferencia que existe entre la política y la ética.
Cuando las familias individuales han aprendido la bondad, entonces
la nación entera ha aprendido la cortesía
El enseñar a los niños a querer a sus padres y hermanos y a
ser respetuosos con sus superiores, hecha los cimientos de correctas actitudes
mentales y morales para llegar a ser buenos ciudadanos.
Dejé de comer y de beber para meditar; es inútil: más vale aprender.
Pensar, sin aprender, es cansador y peligroso. Aprender, sin
pensar, es vano.
Yo no innovo, transmito: soy fiel, amo a la antigüedad.
Quien ha nacido en nuestros días y retorna a los modos de la
antigüedad es un estúpido y labra su propia desgracia.
Quien aprende, no por ello penetra hasta la verdad; quien penetra
hasta la verdad, no por ello es capaz de afianzarla; quien la afianza, no por
ello está en condiciones de sopesarla en cada circunstancia particular.
Sólo quien no repara la falta que ha cometido (no se enmienda)
incurre de veras en falta.
Yo no imparto enseñanza al que no se esfuerza sinceramente en
aprender.
Escuchar muchas cosas y seleccionar de entre ellas lo bueno
y seguirlo; ver muchas cosas y grabárselas en la mente; he aquí, al menos, el
segundo grado de sabiduría.
Cuando tenía quince años, estaba empeñado en aprender; a los
treinta, contaba con una base firme; a los cuarenta, ya no tenía dudas de nada;
a los cincuenta, conocía la ley del Cielo; a los sesenta, tenía los oídos bien
abiertos; a los setenta, era capaz de satisfacer los deseos de mi corazón sin
excederme.
Si uno se sabe de memoria las trescientas piezas del cancionero,
pero cuando se le encargan las funciones de gobierno no es capaz de desempeñar
(el puesto), o mandado en calidad de enviado al extranjero no se sabe contestar
por sí mismo, ¿de qué sirve tanta erudición?
¿Por qué, niños, no aprendéis las canciones? Las canciones
sirven para elevarse, para atestiguar el propio valer, para aprender sociabilidad,
para aprender a odiar, para servir en casa al padre y fuera de casa al soberano.
Las trescientas piezas del cancionero pueden sintetizarse en
estas cuatro palabras: no abrigar malos pensamientos.
Si no se aprende, la sinceridad se trueca en grosería; la valentía,
en desobediencia; la constancia, en caprichoso empecinamiento; la humanidad,
en estupidez; la sabiduría, en confusión; la veracidad, en ruina.
Un pueblo sólo puede ser guiado por costumbres, no por saber.
Es hombre quien imponiéndose a su yo se somete a los «li», a
la ley de las convenciones sociales.
El noble en la práctica se deja guiar por los «li» (costumbres)
Si predomina la sustancia, se es rudo; si predomina la forma,
se es un escriba (esto es, un pisaverde espiritual)
¿De qué sirven los «li» a un hombre que no ama a los hombres?
Una posición eminente sin nobleza de carácter, culto sin veneración,
prácticas funerarias sin sincero dolor: he aquí situaciones que no soporto.
Odia a los que son viles y calumnian a quienes son superiores
a ellos; odia a los valientes que no saben de normas de convivencia; odia a
los fanáticos atrevidos que son gente estrecha de miras.
El noble no se desentiende de sus semejantes.
El noble promueve lo que tiene de hermoso el hombre, el vil
lo que tiene de feo.
Cosa del Cielo es poseer la verdad, cosa del hombre es buscar
la verdad. Quien posee lo verdadero acierta lo justo sin esfuerzo, logra el
éxito sin reflexionar.
Quizás otros acierten de entrada; lo que es yo, no acierto sino
después de diez tentativas. Quizás otros acierten después de diez tentativas;
yo, después de mil. De cualquier forma, quien es suficientemente perseverante
para transitar este camino, si es necio, llegará a ver claro; si es débil, llegará
a ser fuerte.
La medida y el medio son la culminación de la naturaleza humana.
El estado en el cual aún no se manifiesta la esperanza, ni la ira, ni la tristeza,
ni la alegría, se llama el medio. El estado en el cual ellas se manifiestan
pero aciertan el ritmo justo se llama la armonía.
No hay nada más patente que lo secreto, ni nada más tangible
que lo recóndito; por eso, el noble debe ser cauteloso con respecto a lo que
él sólo es para sí.
Hacer verdaderos los pensamientos significa no engañarse a sí
mismo.
Cuando uno examina su propia interioridad y comprueba que no
hay en ella nada malo, ¿por qué habría de ser triste, qué tiene que temer?
El noble ante nada en el mundo adopta una actitud cerrada en
favor o en contra. Se adhiere únicamente a lo justo. Está para todos y es imparcial.
Ante lo que no entiende suspende el juicio. Se caracteriza por firmeza de carácter,
pero no por obstinación. Es tratable, pero sin intimar. Es seguro de sí, pero
no porfiado.
Quien ama a los hombres afianza a los hombres, pues él mismo
desea ser afianzado; ayuda a los hombres a lograr éxito, pues él mismo desea
lograr éxito.
Quien tiene la íntima substancia, también tiene las palabras;
quien tiene palabras, no siempre tiene también la íntima substancia.
Si las palabras (términos, conceptos) no son las justas, los
juicios no son claros, las obras no prosperan, los castigos resultan desajustados
y la gente no sabe dónde poner la mano y el pie. Por eso el noble escoge sus
palabras de manera que su empleo no pueda dar lugar a dudas y formula sus juicios
de manera que puedan, más allá de toda duda, traducirse en actos. El noble no
admite equívocos en lo que dice.
Mi doctrina toda se resume en una sola cosa: «tchung» (el medio);
o, acaso, en una sola palabra: «shu» (igualdad, reciprocidad, amor al prójimo).
No puede ser calificado de noble quien desconoce la voluntad
del Cielo, no puede estar asentado sobre una base firme quien ignora las leyes
de las conveniencias («li»); no puede conocer a los hombres quien no entiende
de las palabras de ellos.
El saber consiste en admitir como saber lo que se sabe y como
no-saber lo que no se sabe.
Cuando el corazón se agita, se ofrenda rutinariamente. Por eso,
sólo el sabio es capaz de agotar el sentido de la ofrenda.
No enseñar a un hombre que está dispuesto a aprender es desaprovechar
a un hombre. Enseñar a quien no está dispuesto a aprender es malgastar las palabras.
El sendero recto no es seguido. Yo conozco la causa de ello.
Los hombres instruidos lo rebasan; los ignorantes no lo alcanzan. Los hombres
de virtud fuerte llegan más allá; los de virtud débil no llegan. El hombre de
virtud auténtica persevera naturalmente en la práctica del medio igualmente
alejado de los extremos.
Tener suficiente dominio de sí mismo para juzgar a los otros
por comparación con nosotros mismos, y obrar en relación a ellos tal como desearíamos
que obrasen con nosotros, a esto es a lo que puede llamarse doctrina de la humanidad;
no hay nada más allá de esto.
Poseer capacidad y talentos, y aceptar la opinión de los que
carecen de ellos; tener mucho y aceptar la opinión de los que no tienen nada;
ser rico y comportarse como siendo pobre; estar lleno y parecer vacío y desprovisto
de todo; dejarse ofender sin manifestar resentimiento; en otro tiempo tenía
un amigo que se comportaba así en la vida.
Cuando uno no sabe aún lo que es la vida, ¿cómo podría conocer
lo que es la muerte?
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